Enraizamiento
En yoga podemos hablar de enraizamiento desde dos perspectivas complementarias:
- La física, en la que equilibramos nuestro cuerpo en relación con la gravedad de la Tierra.
- La mental, donde enraizarnos significa estar presentes, en el aquí y el ahora.
Enraizamiento físico en el asana
En cada postura existe una parte del cuerpo que entra en contacto con la tierra. En las posturas de pie son los pies; en las posturas sentadas, las nalgas, las piernas y los pies cumplen esa función. Al enraizarnos, llevamos la atención consciente a esos puntos de apoyo y distribuimos el peso de manera que generamos una base firme y estable sobre la cual construir la postura.
En las posturas de pie, buscamos que el peso se reparta de forma equilibrada sobre la base del dedo gordo, la base del quinto dedo y el centro del talón. Al hacerlo, activamos la musculatura del pie y el pada bandha (cierre del pie): los dedos se extienden y se separan, el peso se distribuye sobre el trípode del pie y los arcos se activan creando una bóveda que sostiene el cuerpo, generando estabilidad y fuerza. Este trabajo fortalece la musculatura de los pies y tonifica las piernas, aportando equilibrio y seguridad a la práctica.
En las posturas sentadas, el peso debe distribuirse uniformemente sobre la superficie de la esterilla. El apoyo correcto de los isquiones permite que la cadera se posicione de manera adecuada y que la columna pueda alargarse respetando sus curvas naturales. Las demás partes del cuerpo en contacto con el suelo colaboran en mantener la estabilidad y el equilibrio de la postura.
Enraizamiento en la meditación
En la práctica meditativa, también hablamos de enraizamiento. Aquí el objetivo es crear una postura firme, estable y cómoda que permita mantener la atención en el presente. Se trata de olvidar el cuerpo para dirigir la conciencia hacia la respiración y observar cómo los pensamientos van y vienen, como nubes que pasan.
Podemos entender este enraizamiento desde dos dimensiones:
- El cuerpo, a través de una postura estable y relajada.
- La mente, anclándose en el presente, observando pensamientos y sensaciones sin aferrarse a ellos.
Invitación a la práctica
Cuando realices una asana, pregúntate:
- ¿Dónde y cómo están mis pies?
- ¿Cómo siento el contacto de mi cuerpo con el suelo?
- ¿Me percibo crecer desde esa base estable?
Y cuando medites, observa tu postura y busca ese enraizamiento: una base firme y estable, pero a la vez cómoda, que te sostenga en el presente.

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