La propuesta de este mes es sencilla pero poderosa: crear un espacio de silencio en tu día. Dedica entre 5 y 10 minutos diarios a estar en silencio contigo misma, a escucharte sin ruido.
Vivimos rodeados de estímulos constantes. Pasamos gran parte del día expuestos al móvil, redes sociales, el scroll infinito, música, televisión, radio o el ruido de coches y máquinas. Por eso, te propongo algo diferente: buscar un momento de silencio para ti.
No necesitas nada especial, ni aislarte en la naturaleza o en un monasterio. Se trata de crear un espacio interno donde los estímulos externos pasan a un segundo plano. Puede que el ruido siga ahí —la calle, un vecino, la televisión—, pero tú diriges tu atención hacia dentro, dejando de reaccionar a todo ello.
¿Cómo puedes hacerlo de forma sencilla?
- Al despertar: antes de mirar el móvil o hablar con alguien, siéntate en la cama y dedica unos minutos a respirar profundamente. No te actives de inmediato. Date ese espacio para sentir cómo estás. Si aparecen pensamientos (como planificar el día), obsérvalos como nubes que pasan, sin engancharte a ellos.
- Durante una pausa (café o té): en lugar de mirar el móvil o leer, dedica ese momento a saborear tu bebida y a observar lo que te rodea sin juzgar, simplemente sintiendo.
- En movimiento: puedes hacerlo mientras caminas, sin música ni distracciones. Observa tu ritmo, tu respiración, tus pasos, o el entorno que te rodea.
- En la ducha: concéntrate en las sensaciones del agua sobre tu cuerpo, en el contacto, la temperatura, el momento presente.
- Antes de dormir: al apagar la luz, quédate unos instantes en quietud, observando las sensaciones en tu cuerpo tras el día.
- En la naturaleza: si tienes acceso a un parque o espacio natural, camina o siéntate a observar el entorno, los animales o el cielo, sin analizar ni juzgar, solo observando.
Es normal que al principio cueste. La mente suele estar en un constante “run run”. Pero con práctica, se logra. Puede que al inicio no llegues a los 5 minutos, y está bien. Valora el tiempo que consigas como un logro y ve ampliándolo poco a poco. Cuando la mente se disperse, vuelve con amabilidad a tu espacio. No se trata de hacerlo perfecto, sino de volver a ti, a sentirte y escucharte.
¿Para qué sirve esto?
Dedicar unos minutos al día a escucharte sin estímulos actúa como un “reinicio suave” del sistema nervioso. Ayuda a ganar claridad mental y reduce la sensación de agobio acumulado. Al detenernos, empezamos a notar sensaciones que normalmente pasan desapercibidas, como irritación o estrés, lo que favorece una mejor regulación emocional y nos saca del piloto automático.
Además, mejora la capacidad de concentración, reduce la dispersión mental y el multitasking, y contribuye a disminuir el estrés no solo a nivel mental, sino también fisiológico.
Regálate este tiempo y observa cómo, poco a poco, te sientes mejor.

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